Tranquilo, que yo te aviso

Como cada mañana, me disponía a coger el cercanías esperando en el andén leyendo tranquilamente el periódico.
Pasando páginas, sonó un aviso de megafonía indicando a los señores viajeros que por un fallo técnico las pantallas de aviso de las llegadas de los trenes no funcionaban y nos invitaba amablemente a estar atentos a los propios indicadores luminosos de los trenes para saber cuál tomar.
En estas que llega el tren y me fijo, mientras paraba, que ninguno y digo bien, ninguno de los letreros luminosos (ni frontal ni laterales) estaban encendidos.
Me pareció oír a alguien acordándose de la madre de no sé quién. Yo me limité a soneír y, doblando el periódico, me dirigí a la puerta del vagón.

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