Cuando no se puede cuantificar

Abono transporte zona A: 46,00€

Invitar a todos los del curro a desayunar: 10,65€

Entrada individual para el cine (3D): 12,60€

Que tu padre te felicite por tu cumpleaños por primera vez en más de 12 años: no tiene precio…

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Historia de una mesa

No sabría decir la fecha exacta desde que tengo esta mesa.

Lo que sí sé es que la tengo desde un par de días antes de tener mi primer PC, desde tener mi antiguo Pentium 200 MMX que tantas alegrías me ha dado.
Aquél no fue mi primer ordenador, mucho antes había trasteado con Olivettis e IBMs 8080, 8086, 286, 386 y 486; y antes aún con el Amstrad CPC 464 y los Spectrum 128K +2A y 48K.
Ese Pentium vivió durante mucho tiempo en esta mesa (unos 4 años) y de él sólo quedan los altavoces (que sigo utilizando), mientras que algunos de sus componentes están en la parte baja de mi estantería. Sus tarjetas de video y sonido conviven con teclados, cajas de placas base, un Sinclair 48k y una placa de una recreativa Neo-Geo (que todavía funciona), entre otras cosas.
El resto creo que está en alguna parte del sótano del cyber.

No hay que confundirse, me gusta el orden.
Pero es inevitable tener cierta dejadez cuando emprendo un proyecto o escribo o diseño o estudio.
Es en esos momentos (como el de ahora), cuando la mesa se convierte en un espectáculo caótico (al menos, a simple vista) de CDs, cuadernos, lápices, bolígrafos, folios, disquetes…
Supongo que, cuando ocurre eso, se puede decir eso de que “existe un orden dentro del caos”. Para cualquier otra persona puede resultar tremendamente difícil encontrar algo entre tanta cosa, pero para mí es increíblemente fácil.
Es decir, sé dónde está todo y como acceder rápidamente a lo que necesito en cada ocasión.

La mesa no es muy grande, de hecho, la impresora no tiene sitio y tiene que estar sobre su caja de emblaje en un lado.
Lo mismo ocurre con la torre del PC, que tiene que estar en el suelo en lado opuesto al de la impresora (izquierda para la torre, derecha para la impresora).

En el periodo que he estado fuera de casa, la mesa ha pasado por varias fases: desde ser mesa de estudio hasta mesa del televisor o mesa trastero o, simplemente, un mueble decorativo más de una habitación.
Desde que estoy aquí, se ha vuelto a convertir en mi centro de trabajo y puede decirse que es el lugar donde paso más horas al cabo del día.

La bandeja del teclado sigue prácticamente igual, diría que es lo único que no cambia con el tiempo.
El único añadido que ha tenido ha sido la tableta digitalizadora que actualmente vive al fondo detrás del teclado y que ocupa el lugar del ratón y la alfombrilla actuales cuando es necesario. Aún así, las anotaciones en papel guardadas bajo el teclado siguen estando y uno o dos bolígrafos campan siempre por alguno de los laterales.

Contrario a la bandeja es la parte superior de la mesa o, lo que es lo mismo, la mesa en sí.
Este lugar es dominado por el monitor. Pero no acostumbra a estar mucho tiempo solo.
Junto a ellos, libretas de anotaciones, papeles con diagramas y dibujos, cuadernos de dibujo y de apuntes, DVDs, CDs, disquetes… intentan buscar su sitio. A estos hay que sumar la cuna de sincroniación de la Palm o el penDrive (nunca salgo de casa sin él) o un paquete de chicles y otro de pilas a medio usar.
Bajo el monitor y colocado de modo que la hora sea bastante visible, está mi antiguo reloj Casio, aguantando firme el paso del tiempo y bajo él algunos discos de drivers de una instalación del sistema (esta vez para probar una distribución marca de la casa de Windows XP Pro SP2, del que no tengo mucha queja pero no evita que eche de menos mi antiguo Windows 2000 Pro).
Desde hace unos días, hay nuevos inquilinos en esta parte de la mesa: los libros de escolaridad (tanto de la escuela como del instituto) que fueron necesarios para solventar el lío de fechas de cursos que tenía en el currículum.

Como he dicho, la mesa no es muy grande y todo lo que no cabe sobre ella, va a parar sobre la torre del PC. O lo que es lo mismo, con el tiempo, se han convertido en el lugar oficial del paquete de folios y de los discos de primera necesidad o más utilizados.

Bajo la bandeja del teclado, al lado del hueco que tiene los altavoces (otro lugar que no cambia), hay una pequeña repisa que se ha ganado a pulso ser el lugar idóneo para ir depositando tarrinas de CDs y DVDs. Bajo algunas de estas tarrinas hay una caja de puros (no nos liemos, no fumo). Esta caja de puros es el lugar donde guardo las monedas y billetes de mi colección personal, a decir verdad, es una colección que empezó mi abuelo José, que luego pasó a su hijo (mi padre) y que luego ha pasado a mí. Dentro se pueden encontrar rarezas como un billete de un dólar confederado fechado en 1864, un cuarto de dólar de plata con la efigie de JFK (uno de los pocos que se acuñaron) o duros grandes de la época de Franco con la particularidad de que su fecha frontal no coincide con la fecha trasera. También, en uno de los rincones de esta minirepisa hay un lugar para mi antiguo libro de latín de 2º de BUP, que de vez en cuando utilizo para las traducciones de textos en algún que otro diseño de DarkArt.

¿He dicho ya que la mesa es pequeña? ¿No?
No todas las tarrinas caben en la repisa bajo la bandeja del teclado, así que las que quedan sin sitio, se reparten entre la estantería (algún día tendré que hablar también de ella) y la impresora (que últimamente no se utiliza y que hace las veces de soporte improvisado), según la prioridad.

Bajo los altavoces hay un par de cajones a los que creo que debería de dar más uso del que realmente tienen.
Pero son reltivamente pequeños y con lo que tienen creo que ya es más que suficiente.
El de arriba, en principio, iba a convertirse en un almacén de discos de propaganda y CDs de revistas y ahora que lo veo, me sorprende ver lo que tiene.
Hay cosas que ni siquiera sabía que estaban aquí.
Por ejemplo, los manuales de los juegos de MegaDrive los hacía en otro sitio.
Mis minicolecciones de comics de Magic o Alien o Bola de Dragón sirven de fondo a los, efectivamente, CDs de revistas.
Mientras que un ratón óptico que funciona cuando quiere o mi antigua grabadora de mini-casete descansan sobre ellos.
Vaya… este cajón está lleno de sorpresas: una pipa de fumar maría (repito, no fumo nada de nada), regalo que Juan Pedro y Noelia de un viaje que hicieron a Tarragona, creo; una pequeña gran colección de manuales de “Aprende a jugar a Magic: TG”, de diferentes ediciones; lápices de dibujo casi gastados; un folleto de recuerdo del Restaurante Plaza de aquí (uno de los primeros proyectos que hice formando parte de inercia)…

Ummm… El segundo cajón está casi vacío y como en el primero, me sorprende su contenido.
Cajas de disquetes… Anotaciones y tarjetas de cuando era coordinador de grupo en la FEDE (éstas concretamente iban a formar parte de una aventura para el grupo de rol)… ¿Y estos papeles? (!!) Creía que lo había tirado, es lo que escribí cuando el grupo con el salía en la época de instituto echó a Mari por tema de drogas (léase, porros)… Dibujos… Dibujos… Y más dibujos… Un par de juegos para PC de aventura gráfica… Recuerdo esta marioneta: en feria Pino, Joselito, Juan Pedro, Orihuela y yo, cada uno, compramos una. Nos pasamos toda la tarde haciendo el canelo con las marionetas en la plaza de la Estrella (la entrada de la feria) para regocijo del pueblo y los niños pequeños. Recuerdo que al hermano pequeño de Mari le gustaba mucho la mía…

¿Qué más hay?…
Mi antigua agenda… Planos de los buses de Málaga y lugares de interés… Mi viejo Dimo Mini-Print, que utilizaba para poner nombre y asignatura en las libretas… Pegatinas de la FEDE, de los encuentros en la Casa de la Juventud… Y (!!!)… ¿y esto?… Otro recuerdo… Serpentinas de una de las mejores noches de mi vida en Palanques… La bandera de Jordan que tenía colgada de la pared en mis tiempos mozos… Y bajo la bandera, el machete que llevaba en las salidas al campo y junto a él, mi COLT 10mm réplica de balines de aire comprimido… Los guantes de escalada que luego se convirtieron en “guantes multifunción”… Y bajo estos, no sabía que tenía este paquete de tatoos del Betis…

Y ya no hay nada más, dejando a un lado el polvo y trocitos de papel de seda rojo que, creo, son de cuando experimenté la creación de papel “sandwich” (seda+aluminio+seda) para hacer figuras, en concreto, un dragon para Kisko.

Creo que habrá que ir limpiando estos cajones un poco.

[Ubrique, 2004]

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El Punto Límite

“No hablaremos más…”, “Hay que tener esto terminado”, “Vas tarde”, “!Es que no haces nada, todo el día delante del ordenador!”, “¿Y si lo hacemos así?”, fallos, problemas, “No sabes querer”, “Los correos no van, culpa tuya”, “Estoy harta de tus sentimientos”, otra vez el móvil, “Es que lo tienes siempre apagado”, “Oye, ¿puedes tener este diseño?”, “¿Y si cambiamos esto?”, “No, así no, mejor así”, esperando para nada, siempre esperando, “Aún es pronto para volver a hablar”, asco de año, asco de Navidad, “Dos entregas tarde y todavía no tengo los trabajos terminados”, “¿Podrías hacer esto?, yo no puedo”, sí, no, sí, “Espera que te ayudo”, “Tío, esto no funciona”, (¿no ves que no es culpa mía?), “Imposible”, “No”, “Desde luego no se puede contar contigo para nada, lo tendremos en cuenta para la próxima vez”, “¿Otra vez el servidor?”, “In fact, our personal files indicate…”, “Espere un momento por favor, en estos momentos todos nuestros comerciales se encuentrar ocupados”, “Vamos a recogerte con tu tío, a tu padre le ha dado un infarto”, “Imposible, esto está bien”, “No, no está bien”, “¿Y si te vas a una academia de profesor?”, “No hay nada que agradecer”, no, no, no, no, no, “Quizá vuelva tocar la guitarra”, “Eres el mejor en este pueblo, posiblemente uno de los mejores de Cádiz y eres el mejor del mundo (si el mundo estallara mañana, claro)”, “Perdóname”, “No”, “!No tienes sentimientos, siempre miras por ti!”, “Cuidate, princesa”, “Olvídame”, quédate mañana que hay que terminar esto (otra vez faltando al curso), “Por ello, para calcular los tiempos PERT de una actividad, necesitamos los tiempos óptimo, esperado y pesimista”, “Explica tú eso, ya llegaremos a una acuerdo”, noches sin dormir, “Tu padre tiene mareos, se cayó redondo el otro día”, “¡¡No quiero salir!!”, “Bah, no me hagas caso”, “Espera que ahora vuelvo”… aaaaaaaaaAAAAAAAAAHHHHHHHHH!!!!!!!!

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Percepción

Entendimiento.
Distorsión.
Apreciación.
¿Subjetividad objetiva u objetividad subjetiva?

Es una cuestión humana.
Hay quien va por la calle y ve una casa, un perro, un coche, un árbol o un gato.
Otros ven elefantes rosas, caminos rectos donde hay curvas, una casa redonda, un mar flotando o un ojo sobre otro ojo.
A estos últimos se les llama locos.
Pero si tienen éxito, genios…

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Jardín de infancia

Jugaba haciendo volar de un lado para otro un oso de peluche.
Corría de un lado a otro, para que fuera cada vez más rápido, al grito de “¡Superdog al rescate!”.
Intentaba hacer que jugara con él, mientras yo hacía una mueca en un esfuerzo por sonreír cada vez que me enseñaba orgulloso los huecos en su dentadura de dientes de leche.
“Menudo bicho”, pensaba mientras se colaba por los huecos de la barandilla y se movía por aquí y allá.
No me podía quitar de la cabeza la respuesta que di cuando, al hacer un comentario sobre la hiperactividad del pequeño, me dijo: “Seguro que tú también hacías eso cuando eras pequeño”.
“No”, contesté secamente.
¿Qué se debe contestar cuando la infancia no existe?

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El libro de una vida

Ayer, pensativo, insomne y sin saber qué hacer para remediarlo, rebusqué en la estantería.
Entre novelas y manuales técnicos encontré un tomo algo descuidado, roído y gris.
Aunque el polvo se acumulaba sobre él parecía muy usado y, picado por la curiosidad, lo cogí.
Las tapas estaban borrosas y no había ninguna otra marca que pudiera identificar su contenido.
Me dejé caer en el borde de la cama, con una extraña sensación de familiaridad, y lo abrí, ojeando lentamente cada página, amarila y sucia.
Sorprendido, reconocí algunos pasajes.
La historia de un niño que fue creciendo y haciéndose mayor.
Había partes que daban miedo y otras que me hicieron sonreír.
Otras contaban historias de amor sin final feliz y el resto, las que más, eran lo más parecido a un ensayo científico, metódico y analítico.
También me di cuenta de que algunas partes no estaban escritas igual y parecía que hubieran contribuido varios autores. Pero sus textos, en la mayoría de los casos, ni siquiera llegaban al capítulo.
Pasaba las hojas intentando conocer el final y, de repente, llegué a una página en blanco. Extrañado, avancé un poco más haciendo correrlas bajo mi pulgar, y el resto hasta la contraportada estaban también vacías.
Volví a la última página escrita y leí como alguien, sin saber qué hacer para dormir, rebuscaba en una estantería donde había libros de muchos tipos hasta que, cuando estaba a punto de desistir, encontró un libro de aspecto descuidado, roído y gris…

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Autorretrato

Vuelvo a ser yo mismo.
Quizá el que he sido siempre o, más bien, el que nunca llegaré a ser.
Aquel lobo que husmea entre las esquinas, el que acecha y acosa a sus presas sin compasión hasta conseguir lo que necesita.
Soy el cordero degollado que mira con ojos vidriosos, buscando a aquél que le pueda ayudar a acabar con su sufrimiento.
Aquel animal herido que, desangrado, desalentado y cansado, lucha por mantenerse en pie a pesar de todos y de todo.
El mismo ser indómito al que le basta una palabra para volverse dócil.
La sombra de lo que es y será, y la realidad que fue y es.
El que se oculta en el último lugar de la Tierra porque, sencillamente, no hay otro sitio mejor.
Simplemente, soy yo.

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Puertas

Nunca sabes qué puede ocurrir según pasa el tiempo.
Conoces personas, lugares, emociones, momentos…
Y, un día, encuentras a alguien.
Os gustáis y, vete tú a saber por qué, le dejas entrar…
Urga en tu interior, lo sabes, y le dejas.
Comienza a saber de ti, todo lo que es posible saber de ti.
Y tú empiezas a conocer cada palmo de su interior.
Hay cosas que no os gustan del otro, pero da igual porque os complementáis inevitablemente.
Te sientes la persona más feliz del mundo y crees que también es feliz.
Entonces todo termina.
Te quedas vacío, apartado, silencioso…
Llegas a derrumbarte.
Cada vez que abres una puerta corres el riesgo de que te roben un pedazo cuando se van.
¿Dejarás entrar cuando ya no hay nada que robar?
¿Y si lo hubiera?

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Senderos

Soy yo el que camina por aquí solo.
A veces, encuentro alguien, me paro y charlamos.
Luego, sigo andando, dejándolo atrás.
Rara vez, hay quien me sigue y, durante un trecho, andamos juntos.
Después se va.
Es inevitable.

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Protección

De todos los seres que habitan este planeta somos los más inútiles.
Inútiles al nacer y, en muchos casos, al vivir.
No somos capaces de valernos por nosotros mismos.
Necesitamos alguien que esté ahí tendiéndonos una mano, prestandonos un brazo donde agarrarnos o un hombro donde llorar…
¿En que parte estoy yo?
No soy el que busca una mano donde agarrarse.
Ya no.
Pero soy un poco de todo.

Recuerdo que una vez dije que somos lobos.
También hay corderos…
Porque necesitamos a alguien.
Porque necesitamos protección.

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