Red Dwarf

Ésta es una angustiosa llamada de socorro desde la nave espacial Enano Rojo. La tripulación murió a consecuencia de una fuga radioactiva. Los únicos supervivientes fueron David Lister, que estaba en animación suspendida cuando se produjo la catástrofe, y su gata preñada, que quedó encerrada y a salvo en la bodega.
Revivido 3 millones de años más tarde, los únicos compañeros de Lister son un ser que evolucionó a partir de la gata y Arnold Rimmer, el holograma de uno de los componentes muertos de la tripulación.
Mi nombre es Holly y soy la computadora de a bordo. Mi coeficiente intelectual es de 6000, equivalente al de 12000 monitores de gimnasia.
Fin del mensaje.

Cabecera de la serie Enano Rojo.

Protección

De todos los seres que habitan este planeta somos los más inútiles.
Inútiles al nacer y, en muchos casos, al vivir.
No somos capaces de valernos por nosotros mismos.
Necesitamos alguien que esté ahí tendiéndonos una mano, prestandonos un brazo donde agarrarnos o un hombro donde llorar…
¿En que parte estoy yo?
No soy el que busca una mano donde agarrarse.
Ya no.
Pero soy un poco de todo.

Recuerdo que una vez dije que somos lobos.
También hay corderos…
Porque necesitamos a alguien.
Porque necesitamos protección.

Campeones

Dentro de unos años, será recordado como un partido más.
Pero ahora, es el momento de que una afición, cansada de esperanzas vanas y decepciones, se lleve el premio por las ilusiones perdidas.
En mi recuerdo, quedará el verte, silencioso y tranquilo, con tus chicos celebrabando la victoria contra Rusia en semifinales, mientras recogías tus apuntes y después te dirigías con tu equipo técnico al túnel de vestuarios. Humilde, sereno, sabiendo el trabajo por hacer.
Gracias Luis, porque contigo hemos llegado a ser «La Roja» y gracias a tus chavales, porque nos habéis hecho soñar y ver una España campeona.
Simplemente, GRACIAS.

Odio

«Tienes odio en la mirada»
Eso fue lo que me dijo una de las primeras veces que coincidimos y, desde entonces, es algo que vaga por mi mente a diario.
Siempre he creído que mi mirada no reflejaba otra cosa que no fuera tranquilidad y, para qué negarlo, indiferencia.
Cada día esa frase vuelve a mi cabeza…
Hay noches, trabajando, en las que paro en seco, cansado, soñoliento o como quiera que esté…
En silencio, aparto todo y me levanto al baño.
Me miro en el espejo.
¿Ése soy yo?
Ojos cansandos, me fijo en ellos.
Esa barba a medio hacer que siempre levanta quejas…
Una cara demasiado vieja para un joven y demasiado joven para un viejo…
Quiero encontrar lo que busco y comienzo a hacer carantoñas.
Gesticulo de manera imposible, sé que esta ahí… Tiene que estar…
Ahora triste, ahora serio, ahora alegre, ahora bravucón…
Pero por cada gesto, ocurre lo mismo… El rostro se oscurece y se llena de silencio…
Poco a poco… aparece…
Sí, lo veo… está ahí… en lo mas profundo…
Aparece…
Cierro los ojos, no puede ser.
Sacudo la cabeza y vuelvo a mirarme.
Repito lo mismo, trato de conseguir ángulos imposibles con mi boca, mientras acompaño con desorbitadas y cómicas miradas…
De repente, paro. Espero.
Las arrugas se relajan, las comisuras de los labios vuelven a su posición normal… los ojos vuelven a mirar fijamente…
La oscuridad me empieza a envolver de nuevo.
Veo en los ojos esa oscuridad en su profundidad, en lo más al fondo…
Está ahí.
Sé que está.
Sé que está porque lo estoy viendo…
Hay… hay algo malo en mí…
Ahora lo sé.

¿Me cambia, por favor?

Se acerca el fin de mes y es norma común para cualquiera que tenemos abono de transporte en Madrid el empezar a pensar en comprar el del mes siguiente.
Me gusta ser previsor para estas cosas y ni corto ni perezoso me dirigí una mañana feliz y dicharachero a una de las máquinas expendedoras de Atocha para sacarlo.
No sé por qué, pero me dio por utilizar un billete de 50€ en lugar de la tarjeta (como hago normalmente), para hacer el pago.
Esperando estaba, mientras parpadeaba el mensaje «Generando su billete», cuando me pareció ver un cambio fugaz en el texto antes de desaparecer que decía algo así como «Error de impresión».
Durante un momento, la máquina se detuvo y al instante siguiente empezó a escupir monedas de 2€. Temiéndome lo peor, me puse a contarlas…
1…
2…
3…

25…
Mecawen…
Un billete de 50€ en monedas de 2€.
Si es que, lo que no me pase a mí…

Recuerdos

¿Vivimos con los recuerdos?
¿Vivimos para los recuerdos?
¿Vivimos de los recuerdos?
¿O más bien somos lo que nos dictan los recuerdos o, mejor dicho, lo que vivimos?

Sin recuerdos se vive mejor.
Si no hay recuerdos, lo que fuera que pasara no existe ni existió.
No tienes que preocuparte por lo dijiste o hiciste aquella vez.
Tampoco tendrías que preocuparte por lo que te dijeron o te hicieron aquella vez.
El sacrificio es posible.
Yo vivo de mis recuerdos.
Vivo de mis recuerdos para no volver a equivocarme.
Mis recuerdos me definen y, en cierto modo, me crearon.
No es fácil deshacerse de un recuerdo.
Pero tampoco es fácil soportar uno que creías olvidado.

Un banco sólo es un banco

Un día me cansé de caminar.
Llegué un parque.
Elegí un banco y me senté.
Vi a gente pasar.
Algunos tenían la vista fija en el suelo y caminaban con sus propios asuntos.
Había niños jugando cerca enfrascados en sus propias aventuras, ilusiones y sueños.
Otros paseaban a su perro.
Parejas hablaban alegremente.
Entonces me puse a pensar.
Resulta curioso que casi todo lo importante que me ha pasado ha sido sentado en un banco.

El primer sentimiento.
El beso.
Las primeras emociones contenidas.
El primer abrazo sincero.
El horror de la desesperación.
La impotencia.
El abandono.
La pérdida de la esperanza.
Las esperas.
Las sonrisas.
Las miradas.
Las decisiones.

La decisión.

Es curioso ver como las cosas más triviales pueden tener tanta importancia para las personas.