Odio

“Tienes odio en la mirada”
Eso fue lo que me dijo una de las primeras veces que coincidimos y, desde entonces, es algo que vaga por mi mente a diario.
Siempre he creído que mi mirada no reflejaba otra cosa que no fuera tranquilidad y, para qué negarlo, indiferencia.
Cada día esa frase vuelve a mi cabeza…
Hay noches, trabajando, en las que paro en seco, cansado, soñoliento o como quiera que esté…
En silencio, aparto todo y me levanto al baño.
Me miro en el espejo.
¿Ése soy yo?
Ojos cansandos, me fijo en ellos.
Esa barba a medio hacer que siempre levanta quejas…
Una cara demasiado vieja para un joven y demasiado joven para un viejo…
Quiero encontrar lo que busco y comienzo a hacer carantoñas.
Gesticulo de manera imposible, sé que esta ahí… Tiene que estar…
Ahora triste, ahora serio, ahora alegre, ahora bravucón…
Pero por cada gesto, ocurre lo mismo… El rostro se oscurece y se llena de silencio…
Poco a poco… aparece…
Sí, lo veo… está ahí… en lo mas profundo…
Aparece…
Cierro los ojos, no puede ser.
Sacudo la cabeza y vuelvo a mirarme.
Repito lo mismo, trato de conseguir ángulos imposibles con mi boca, mientras acompaño con desorbitadas y cómicas miradas…
De repente, paro. Espero.
Las arrugas se relajan, las comisuras de los labios vuelven a su posición normal… los ojos vuelven a mirar fijamente…
La oscuridad me empieza a envolver de nuevo.
Veo en los ojos esa oscuridad en su profundidad, en lo más al fondo…
Está ahí.
Sé que está.
Sé que está porque lo estoy viendo…
Hay… hay algo malo en mí…
Ahora lo sé.

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Un banco sólo es un banco

Un día me cansé de caminar.
Llegué un parque.
Elegí un banco y me senté.
Vi a gente pasar.
Algunos tenían la vista fija en el suelo y caminaban con sus propios asuntos.
Había niños jugando cerca enfrascados en sus propias aventuras, ilusiones y sueños.
Otros paseaban a su perro.
Parejas hablaban alegremente.
Entonces me puse a pensar.
Resulta curioso que casi todo lo importante que me ha pasado ha sido sentado en un banco.

El primer sentimiento.
El beso.
Las primeras emociones contenidas.
El primer abrazo sincero.
El horror de la desesperación.
La impotencia.
El abandono.
La pérdida de la esperanza.
Las esperas.
Las sonrisas.
Las miradas.
Las decisiones.

La decisión.

Es curioso ver como las cosas más triviales pueden tener tanta importancia para las personas.

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