Puertas

Nunca sabes qué puede ocurrir según pasa el tiempo.
Conoces personas, lugares, emociones, momentos…
Y, un día, encuentras a alguien.
Os gustáis y, vete tú a saber por qué, le dejas entrar…
Urga en tu interior, lo sabes, y le dejas.
Comienza a saber de ti, todo lo que es posible saber de ti.
Y tú empiezas a conocer cada palmo de su interior.
Hay cosas que no os gustan del otro, pero da igual porque os complementáis inevitablemente.
Te sientes la persona más feliz del mundo y crees que también es feliz.
Entonces todo termina.
Te quedas vacío, apartado, silencioso…
Llegas a derrumbarte.
Cada vez que abres una puerta corres el riesgo de que te roben un pedazo cuando se van.
¿Dejarás entrar cuando ya no hay nada que robar?
¿Y si lo hubiera?

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2 comentarios

  1. Me gusta mucho cómo describes la apertura. Cuando abres la puerta para que alguien entre, tú también sales al umbral: expones tu ser…quizá solamente a esa persona, pero mejor aún si tenemos la osadía de exponerlo en un sentido más amplio, al resto de nuestro pequeño alrededor. Conlleva satisfacciones!

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