Paradojas

Una mañana cualquiera en una estación de tren.

– ¿Perdona, este tren va a Majadahonda?
– No, Atocha.
– ¿Entonces no va a Majadahonda?
– No.
Para los no entendidos, Majadahonda está en dirección contraria a Atocha.
La señorita se queda algo contrariada y, después de pensarlo un poco, se baja del tren.
– ¿Sabe si este tren va a Pozuelo?
Levanto levemente la vista del periódico, también está en dirección contraria.
– No, Atocha.
– Ah, vale.
Y se baja del tren. Éste por lo menos, ha sido práctico.
Me inclino un poco para ver el indicador luminoso del andén. En el vagón (y en todos los del convoy) ya sé que pone un ATOCHA bien bonito y hermoso.
Pues sí, pone Atocha.
– ¿Este tren pasa por Majadahonda?
Me quedo mirándola por un segundo.
– No, Atocha.
– Bueno – se dice-, yo me quedo por si acaso.

Y luego se preguntan por qué hay tanto crimen sin sentido…

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